La información científica como dilema de los laboratorios por Rafael
Bernal Castro Las
compañías que respaldan la promoción de sus productos con información
científica de calidad alcanzan un elevado grado de confiabilidad entre
los profesionales de la salud. La obtención de tal logro requiere
asignaciones presupuestarias cuyos límites –si bien pueden determinar
la cantidad, frecuencia o aspecto de la información– no deben
perjudicar la perfección científica del material. El
alcance de la inversión contemplará la credibilidad de la bibliografía
a distribuir; los médicos valoran las empresas que aportan seguridad a
las decisiones que a diario les comprometen personalmente. Los
acotados tiempos del profesional incluyen su actualización permanente;
la responsabilidad de la tarea cotidiana demanda la puesta al día. Los
pocos médicos que no contemplan esta formación continua se exponen a
las consecuencias que se derivan de sus actos indebidamente cotejados
con los adelantos científicos. Las ediciones domésticas Las
ediciones domésticas conllevan peligros que las empresas farmacéuticas
están en condiciones de evitar mediante la adecuada contratación de
organizaciones responsables que garanticen la seriedad que se pretende
transmitir. El
sucesivo cumplimiento de los pasos editoriales (selección, redacción,
traducción, supervisión, diseño, edición, etc.), y la eficaz
coordinación de las personas participantes es una tarea especializada
que corresponde sea delegada en profesionales de la edición científica. Una
empresa que compite con sus productos destinados a la clase médica no
debería publicar o, para decirlo de otra manera, hacer pública su
despreocupación por la calidad científica; las derivaciones de esta
acción arriesgan su imagen ante los profesionales que desea conquistar. Los
procesos editoriales existen, no es posible eliminarlos; cumplirlos
exige conocimientos específicos, coordinados por especialistas. Cuando
el objetivo es ganar la voluntad del médico, la responsabilidad es
mayor: la mala praxis involucra a quienes, de una manera u otra,
intervinieron en el acto de la prescripción; la responsabilidad de
autores, editores y difusores se incorpora al expediente judicial. La supervisión editorial Años
atrás un reconocido investigador japonés nos remitió para su
publicación un trabajo original e inédito, escrito en su idioma. En
ese momento carecíamos de un médico traductor de japonés-castellano;
nos propusimos conseguirlo. El mes que insumió la búsqueda incluyó
consultas a los comités científicos, a las sociedades integrantes de
la red SIIC, a los columnistas y corresponsales colaboradores de la
organización; editamos avisos en los diarios masivos y en los específicos
de la colectividad, visitamos al agregado cultural de la Embajada de Japón
en la Argentina, etc. Tanta dedicación arrojó sus frutos: dimos con un
traductor médico de nacionalidad japonesa con años de residencia en la
Argentina. El currículum certificaba una trayectoria que lo avalaba
profesionalmente. Sin embargo, todo el esfuerzo fue vano cuando
advertimos que la organización no contaba con un supervisor del idioma
en condiciones de evaluar la traducción. Finalmente el artículo fue
devuelto al autor, quien nuevamente lo remitió, esta vez en inglés. La
tarea editorial científica comprende procesos que en oportunidades se
pasan por alto o se reducen a su mínima expresión: la compleja trama
editorial es puesta en manos de personas de diferentes oficios,
merodeadores de las oficinas comerciales, que no están en condiciones
de asegurar la calidad de la información que se trasladará a los médicos. Tal
delegación se justifica con variados argumentos (escasez de recursos,
tiempos acotados, artículos provistos por las casas matrices, etc.),
aunque uno de ellos sobresale por el daño que conlleva: dado que «los
médicos no leen» o –los menos extremistas– «el reducido interés
de los médicos por la lectura», torna innecesaria la delegación
responsable de los contenidos y sus correspondientes controles de
calidad. Esta
económica autoedición, motivada por las mismas causas de la
automedicación, elude a los que saben en nombre del supuesto
ahorro que implica evitarlos. Los
resultados generarán rechazo; el profesional desconfiará del material
literario, del portador, del editor ignoto y de la compañía farmacéutica
misma. La lectura en la práctica médica El
trato doméstico de la información científica es la consecuencia de
una concepción promocional que se asienta en la errónea creencia del
desinterés intelectual, forzado o intencional, del médico. Absurda
conclusión que peligrosamente generaliza una creencia aplicable a un
reducido grupo, alejado de sus pares, divorciado de sus pacientes y
expuesto a la sanción científica, social y judicial. El
arribo al hospital es consecuencia de la finalización de una etapa
caracterizada por la lectura; luego se practicará la medicina. Allí es
donde la bibliografía habrá de combinarse con las necesidades
cotidianas, poco reflejadas en los manuales universitarios. La
actualización adquiere entonces una inestimable importancia; el
profesional la necesita imperiosamente, incluso el poco comprometido con
la formación continua. La
simplificación de esta exigencia niega la base intelectual sobre la que
cotidianamente se conforma el médico en ejercicio. Cuando
un médico advierte la falta de calidad de una publicación plantea su
disconformidad entre pares, excepcionalmente a quien se la entrega o al
editor. La credibilidad de una acción promocional no la discute; ello
significaría más tiempo del previsto a las decenas de mensajes que a
diario emite la industria. La
opinión terminante se expresará en el momento de la indicación terapéutica,
amparada por el cuarto oscuro del consultorio. El
destino de las publicaciones desacreditadas es conocido: el cesto o la
«pila» que, al poco tiempo, se transformará en pira. La
política de delegación editorial utiliza traductores, periodistas,
estudiantes de medicina o biomédicos amigos o relacionados con el
laboratorio, por lo general con «conocimientos de inglés, computadora
en la casa y manejo de Internet». Los elegidos también ofrecen
ventajas en cuanto a la retribución; sus honorarios representan un
costo compatible con la concepción que relativiza la calidad de la
información en nombre, como ya dijimos, de la pobre exigencia de los
destinatarios. La bibliografía de calidad es irremplazable Existen
variados sistemas de promoción para lograr el reconocimiento del médico
en la recomendación de un producto farmacéutico. La conquista de tal
voluntad moviliza a centenares de funcionarios que desarrollan
agresivas políticas de comercialización con mediciones diarias de
rendimiento, peso por peso, unidad por unidad. Las
campañas se asientan sobre proyectos publicitarios que activan
mecanismos de difusión en los que intervienen publicistas, diseñadores,
periodistas, médicos, profesionales del marketing y tantas otras
actividades. Los
médicos agradecen la lapicera con la que escribirán sus recetas y
distinguen y confían en las empresas que los respaldan con argumentos
científicos, seriamente transmitidos. La
actual maquinaria de persuasión supera lo que se imaginó años atrás.
La competencia por la venta se ha instalado en el terreno de la
información, campo en el que las fundamentaciones de los productos
farmacéuticos desafían las verdades científicas, con efectos mágicos
que también requerirán alguna documentación. En estos casos sí
aconsejamos vincularse con quienes ofrecen resultados altisonantes,
contundentes. Así
es como pierden de vista la convicción profesional, determinante
esencial de la conducta terapéutica a largo plazo; acotan su audiencia
al minoritario grupo que responde a circunstanciales consignas o
beneficios, cíclicamente mejorados por competidores que utilizan el
mismo estilo de promoción. La bibliografía es imprescindible e
irreemplazable; se adhiere a la práctica médica. Las
desfavorables condiciones en que se desenvuelve el ejercicio de la
medicina, la definitiva inclusión del médico en el contexto social
empobrecido, no limitan la necesidad informativa de los profesionales ni
despejan el camino de las empresas para entregar documentación sin
control editorial. Por el contrario, aumentan el interés del médico
por recibir textos objetivos, publicados por fuentes prestigiosas,
seleccionados por expertos, avalados por organizaciones con trayectoria
acreditada. El
médico recibe con satisfacción las publicaciones que no están
determinadas por el beneficio de sus patrocinantes. El debate y la
discusión abierta, principios integrantes del ideal y la práctica
científica, cuestionan las consignas categóricas desprovistas de la
prudencia que caracteriza las investigaciones editadas por fuentes
responsables. Los
laboratorios que ganaron la confianza de los médicos se apartaron de la
bibliografía maltratada; optaron por la calidad coherente,
aquella que se expresa en sus productos y en la documentación con que
se los acompaña. Los
editores científicos con trayectoria aconsejan la ecuanimidad de los
contenidos que respaldarán el lanzamiento o promoción de un producto.
Cuando la calidad se instala, beneficia a todos los que se
comprometieron en alcanzarla. 1 El autor es presidente de la Sociedad Iberoamericana
de Información Científica (SIIC) y director editorial de diversas
colecciones médicas, entre las que se destacan Trabajos Distinguidos,
Salud(i)Ciencia, Temas Maestros, SIIC En Internet (www.siicsalud.com).
Estas ediciones, íntegramente producidas en la Argentina, recorren la
totalidad de los países de habla hispana y portuguesa y reciben, tanto
en nuestro país como en el extranjero, un merecido respaldo de la
industria farmacéutica. La
preocupación por la seriedad científica se expresa en el prestigio de
quienes acompañaron el desarrollo de esta organización, modelo en su
tipo: Favaloro, Gianantonio, Mazure, Bertolasi, Mendizábal, Martino, López
Ibor, Chachques, García Badaracco, etc, profesores, académicos,
maestros de la medicina de la Argentina, América Latina y el mundo. SIIC
incluye el fomento de la investigación científica local y regional,
con programas de cooperación científica acordados con asociaciones
científicas (FASGO, Asociación Argentina de Cirugía, Sociedad Peruana
de Ginecología y Obstetricia, Sociedad Argentina de Gastroenterología,
Asociación Argentina de Psiquiatría, Sociedad Española de Psiquiatría,
etc) e instituciones educativas iberoamericanas.
[Bienvenidos
a siicsalud] Sociedad
Iberoamericana de Información Científica (SIIC) |
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